Incesto  

En "Del Orden Nace la Plenitud."  

Bert Hellinger

            La dinámica

El incesto sólo es posible si ambos padres secretamente están aliados. Es decir, siempre están involucrados ambos padres, a saber, el padre en un primer plano y la madre en un segundo plano. Por lo tanto, la persona afectada también tiene que enfrentar a ambos padres con la culpa. Mientras no se vean los sucesos en su contexto global, no hay solución posible.

            Muchas veces, el incesto es un intento de compensación de un desnivel entre tomar y dar en la familia, normalmente ¾ pero no siempre ¾ entre los padres. En estos casos, a los autores, sean padres, abuelos, tíos o padrastros, se les retuvo algo, o no son valorados por lo que hacen por la familia, y el incesto es el intento de igualar este desnivel entre dar y tomar.

            Un ejemplo:  

Una madre con una hija se casa en segundas nupcias con otro hombre. Si la mujer no valora que el segundo marido mantenga a la hija que ella aportó al matrimonio y se ocupe de ella, se da un desequilibrio entre tomar y dar. El hombre tiene que dar más de lo que recibe. Cuanto más espere la mujer que él lo haga, tanto más grande será la discrepancia entre ganancia y pérdida. Una compensación se daría si la mujer dijera al hombre: "Sí, es así, tú das y yo tomo, pero lo reconozco y lo aprecio profundamente." Entonces la compensación no tiene que pasar a un nivel tan destructivo.

            Otro desnivel en el intercambio entre los cónyuges puede darse, por ejemplo, en su relación sexual o en sus necesidades emocionales, creándose así una irresistible necesidad de compensación en este sistema, que se impone como una fuerza instintiva. En tales casos, la mujer intenta compensar el déficit ofreciendo a la hija ¾ en algunas familias con las que he trabajado la mujer lo hacía incluso conscientemente ¾ o entregando la hija al marido, de manera que éste se ve arrastrado hacia una relación compensatoria con ella.  Incluso estuve trabajando con algunas familias en las que la hija misma se ofrecía a su padre o padrastro para así ayudar a la madre y evitar que él se fuera. Esta es una dinámica frecuente y en gran parte inconsciente del incesto.

Otra forma del incesto, menos frecuente, es la de un hijo que se ofrece para salvar un desequilibrio en la familia.

            Lo que aún sucede es que, a continuación, la hija toma sobre sí las consecuencias y la culpa. Muchas, para expiar lo ocurrido, eligen una profesión sacrificada o entran en un convento, otras, en un contexto así, se vuelven locas, pagan con síntomas o se suicidan. Otras se muestran licenciosas, diciendo: "Realmente soy una fulana, no tenéis que tener ninguna mala conciencia", disculpando así a los autores.  

            Un ejemplo:

En un curso hubo una mujer que había estado trastornada durante mucho tiempo y que ya había pasado muchos intentos de suicidio. De niña, su padre y un tío abusaron de ella. Tenía la fantasía de que si estaba en un grupo, todos veían que ella era una criminal, y que la querían matar. La hice profundizar en esta sensación y se quedó sentada, mirando continuamente hacia abajo. Al cabo de un tiempo, vio al tío que se suicidó, al tío que también abusó de ella. Ella miraba hacia abajo y, mientras lo hacía, tenía la cara vieja y dura. Esa no era ella.

Le pregunté: ¾ ¿Quién lo mira así desde arriba? ¿Tan enfadada y tan triunfante?

            Era la madre. Interrumpí ahí y más tarde configuramos el sistema. Entonces quedó patente que en realidad el tío era su padre, y que la madre estaba contenta de que hubiera desaparecido. La hija, sin embargo, se sentía culpable de su muerte, como si ella fuese una asesina. Su odio contra sí misma y sus intentos de suicidio eran la expresión de su sentimiento de culpabilidad.  

 

La solución para la hija

Ruth: Aún me resisto totalmente a la idea de que sea la madre la que tenga que dar la cara.

Bert Hellinger: Especialmente es así, si te resistes a mirarlo abiertamente. Tú estás mirando a ver quién es el culpable. Yo no tengo el interés de culpar a nadie, únicamente busco una solución. Para encontrar una solución, tengo que ver a las personas en su situación concreta y necesito comprender la dinámica de la familia.

            Mis metas son muy específicas: busco una solución para la persona que acude a mí y resisto a la tentación de ir más allá. Las soluciones difieren para cada miembro de la familia. Cada uno ¾ el hombre, la mujer, la hija / el hijo ¾ sabe, al menos inconscientemente, que la familia tiene un problema, así que tenemos que buscar una solución que permita que cada miembro del sistema pueda asumir su parte de responsabilidad y, al mismo tiempo, conservar su dignidad.

            Para una hija que fue inducida a salvar un desequilibrio ente dar y tomar, y también para algunas otras formas de incesto, la solución consiste en llegar al punto en que sinceramente pueda decir: "Mamá, por ti lo hago a gusto", y al padre, "Papá, lo hice por Mamá". A veces, cuando el hombre también está presente, le hago decir a la hija: "Lo hago por Mamá, y estoy de acuerdo con hacerlo por ella." Algunas personas se oponen a la expresión "estar de acuerdo", pero las víctimas afirman que es importante.

            Estas frases expresan la dinámica que ya está actuando en la familia, y sacan a la luz el amor de la hija. Si una hija pronuncia estas frases auténticamente, expresa la belleza y el poder arcaico del amor inocente del niño a sus padres. Revela la profundidad del alma donde los hijos, de manera deliberada, aunque muchas veces inconsciente, realizan los sacrificios más dolorosos y destructivos por sus padres. Desde el punto de vista sistémico, la hija es sacrificada para salvar un desequilibrio en la familia y, al menos inconscientemente, ella consiente por amor. La solución para ella consiste en decir la verdad con palabras, en llamar por su nombre la dinámica sistémica y en declarar abiertamente su amor. Al nombrar abiertamente la parte que la madre tiene en la dinámica del incesto, la hija se retira del consentimiento inconsciente a ayudar a solucionar el problema de sus padres. Esta frase expresa la complicidad de su madre en lo ocurrido, sin negar, por eso, la culpa del padre.  

          

El efecto de las frases curativas

Lo habitual en un caso de incesto es que la hija diga:"¡Este mierda de tío, lo que me hizo!", y muchos otros también piensan así. La dinámica, sin embargo, demuestra que la madre pone a la hija de testaferro para poder retirarse del marido. Si la hija dice: "Mamá, por ti lo hago a gusto", entra en otro contexto dinámico y puede desligarse del padre con más facilidad; puede desligarse del trauma y puede desligarse de la madre.

            Estas frases inmediatamente sacan a la luz la dinámica de fondo. Nadie puede volver a comportarse como antes. Todos los implicados se ven encarados con su responsabilidad, y la hija ya no tiene por qué sentirse culpable. Lo que hizo, lo hizo por amor. De repente, la hija es buena, y sabe que es buena. Estas frases, por lo tanto, transfieren la responsabilidad del incesto y de sus consecuencias a los padres, descargando a la hija, ya que demuestran su amor y su dependencia y, con ello, también su inocencia.

            El hecho de ver y reconocer este amor íntimo produce un efecto curativo. Estas frases le recuerdan a la hija que ella intentaba hacer algo bueno, aunque saliera mal. Cuando las víctimas conscientemente perciben su amor, y nosotros se lo confirmamos, ellas saben que son buenas. Es un gran alivio. Cuando consiguen decir auténticamente estas frases curativas, quedan libres de la implicación en el problema de sus padres. Ya no tienen que esperar que sus padres cambien para que cambie también algo para ellas. Están libres de seguir su camino, independientemente de lo que sus padres hagan, de si admiten su responsabilidad y tienen remordimientos, o no.  

Klaus: Pero el consciente de la chica se resistirá con todas sus fuerzas, porque ella no lo siente así. Ella siente que lo está haciendo contra su propia voluntad, que ella es la víctima, y se resistiría a decir estas frases.

Bert Hellinger: Por definición, una víctima es una persona que no pudo evitar lo ocurrido. Si las víctimas quieren cambiar algo, tienen que llegar a sentir su auténtico poder. La fuerza de los niños es su amor. Y es esto lo que estas frases hacen: revelan el amor de la niña. Muestran claramente para todos en el sistema lo que la niña hizo para intentar solucionar el problema de la familia.

            Al ofrecer frases como éstas, hay que escuchar con mucha sensibilidad para oír las frases que el alma de la niña está diciendo ya. Si se encuentran esas palabras, cuidadosamente se le ofrecen como obsequio, palabras que expresan aquello que ella secretamente estaba sintiendo, pero no podía articular. Si se escucha con la profundidad suficiente, encontrando las palabras justas, su alma entiende el mensaje: "Actuaste por amor. Hiciste lo mejor que pudiste, pero ahora está bien que devuelvas el problema a los adultos. Es su problema, y ellos son capaces de manejarlo." Por regla general, el mensaje es más o menos éste. Un paso así pide valor, pero muchas chicas se han encontrado liberadas al decir en voz alta lo que secretamente habían sentido siempre.

            La prueba de si se acaba de dar con la frase adecuada es su efectividad. Si se encuentran las palabras acertadas, una chica ¾ o una mujer adulta ¾ las experimenta, siente un cambio en su cuerpo y sabe que ella es buena. Es un proceso realmente dramático y bello de ver. La chica se siente aliviada porque las frases demuestran su amor y su dependencia y, por tanto, su inocencia. Es sumamente importante que se le ayude a la niña a encontrar el camino para volver a su propio valor y a su dignidad, que su amor sea reconocido y afirmado.

Friedemann: ¿Cómo es en el caso de una chica que concretamente se encuentra en esta situación, por ejemplo una chica de 16 años a quien le acaba de ocurrir? ¿Entonces qué?

Bert Hellinger: Justamente entonces estas frases son más efectivas. Ella tiene que poner en orden el sistema que lleva en su interior. Como hija se encuentra en la posición más débil en la familia, es decir, está limitada en sus posibilidades de parar el incesto. La mejor posibilidad que se le ofrece para poner un fin es que nosotros nombremos la dinámica oculta actuando en la familia y que saquemos a la luz la responsabilidad de cada uno.

Klaus: Pero para la niña, especialmente si aún es pequeña, es una herida profunda. No puedo imaginármelo de otra manera.

Bert Hellinger: Tienes que guardarte de la dramatización. Cuando realmente ves a las víctimas, éstas describen una gran variedad de experiencias. A veces,    violentas y humillantes, a veces, de más ternura, quizás incluso una relación de amor. A veces se trata de un tipo de incesto en el que nunca se llega realmente al contacto sexual, pero que ocasiona dificultades persistentes en relaciones posteriores. Esta es una forma de incesto que la ley ni siquiera reconoce como tal.

Klaus: ¿Así que hay una diferencia si fue violento o no?

Bert Hellinger: ¡Sí, claro! Si fue violento, también se trata de otra dinámica. En un caso así, frecuentemente existe una gran cólera contra la mujer.

Klaus: ¿Pero qué hacen estas frases curativas con el padre? A través de ellas el padre se ve rebajado a un nivel de comparsa. Sin embargo, él también es alguien que actúa, que abusa de su hija. ¿Qué hace él para restablecer el equilibrio?

Bert Hellinger: Si seriamente está interesado en rehacer el orden en el sistema, existen unos cuantos principios generales a seguir, pero los detalles variarán.

            Lo primero es que acepte plenamente las consecuencias de sus actos. Si fue denunciado y sentenciado, tiene que asentir a la sentencia y a la pena. Después, tiene que encarar a su hija y realmente verla, ver las consecuencias de sus actos para ella. Tiene que decirle sinceramente que él lleva la plena responsabilidad y que asume todas las consecuencias de sus actos, que se retirará de ella y la dejará en paz.

            Como es imposible deshacer lo hecho, tiene que procurar que algo bueno salga de ahí. La culpa poco a poco se va desvaneciendo en cuanto consigue su fin: un cambio para bien. Así, un padrastro se sometió a una psicoterapia personal intensa, empezó a formarse y se hizo terapeuta, para acabar trabajando con otros hombres. Su relación con su hijastra es distante pero cordial. Ella puede respetarlo, y también le es más fácil respetarse a sí misma. 

 

La persecución de los autores no ayuda a nadie

Perseguir a los autores y castigarlos no ayuda ni a las víctimas ni a nadie más. Ahora bien, si la hija sufrió un daño, por ejemplo por uso de la fuerza, entonces tiene el derecho de estar enojada con el autor, pero no hasta el extremo de negarle el derecho a la pertenencia. Puede decir: "Has cometido una gran injusticia conmigo, y no te lo perdonaré nunca." Y, en cierto modo, puede decirles a la cara a los padres: "Sois vosotros, no yo. Vosotros tenéis que llevar las consecuencias, no yo." En ese momento pasa la culpa a él o a ella, y ella misma se aparta. Que la hija esté llena de reproches contra los padres no sirve de nada. El poner límites claros es lo que importa y lo que le permite librarse. Los reproches tan sólo son un simulacro de combate y no una exigencia.

La hija tampoco debe perdonar. Perdonar es una arrogación y no le corresponde a la hija. Puede decir: "Fue terrible para mí, y dejo las consecuencias contigo. A pesar de todo, sacaré partido de mi vida."

            Si la hija, más tarde, consigue una relación feliz, también significa una descarga para el autor; si, por lo contrario, ella misma después no permite que las cosas le vayan bien, también es una venganza tardía del autor.

            Por otra parte, el padre no debe pedirle perdón a la hija, lo cual significaría una carga inmensa para ella. Pero sí puede decir: "Lo siento" o "He cometido una injusticia contigo".

"Solución" es una palabra de doble sentido. La solución siempre es un "apartarse de". La lucha ata. Exigir que los demás acepten su responsabilidad lleva a una buena separación de la familia. En el caso de una implicación en un sistema superior, aquí en el de los padres, el inferior tiene que exigir del superior que acepte la responsabilidad. Así, puede dejarlos y marchar.  

 

Preguntas:

Jutta: Me extrañaba que muchas veces no había solución si el asunto se llevaba a juicio.

Bert Hellinger: Sí, de esta manera no se consigue ninguna solución. Aquí hay que tener en cuenta una importante ley sistémica: convirtiendo a alguien en el malo de la película, o negándole la pertenencia, se causa un trastorno sistémico. La solución siempre consiste en volver a admitir a la persona excluida. Trabajando sistémicamente, aunque la meta consista en encontrar una solución para el/la cliente, hay que servir al sistema como todo, y protegerlo. Por eso es imprescindible que el terapeuta se una a los excluidos. Hay que ser capaz de dar a los autores un lugar en el propio corazón.

Aquí, en los seminarios, lo hago constantemente. Me pongo del lado de los excluidos y de los malos.

Hannelore: ¿Quieres decir que da igual lo que el padre le hizo a la hija?

Bert Hellinger: No da igual. Hay situaciones en las que alguien pierde la pertenencia al sistema. Por ejemplo, si mata o hiere gravemente a alguien en su propio sistema, o si se viola a una niña de tres años. Esa persona ha perdido su derecho. Entonces tampoco se intenta reintegrarla.

Jutta: Significaría que si nos llegan niños y se descubre un abuso, se les pueden retirar los hijos a los padres, pero no se les debería denunciar ni llevar a juicio.

Bert Hellinger: ¡Exacto! ¡Correcto! Tampoco hay que dejar mal a los padres ante los hijos, por muy necesario que sea ayudar a que los hijos vean la responsabilidad de los padres y puedan sentirse inocentes ellos mismos.

Karl: Muchas veces, en un proceso circular colocas a la mujer al principio. Pocas veces tienes en cuenta la contribución del hombre para que la mujer se comporte de esta manera.

Bert Hellinger: Hay varios motivos. El primero es el interés de corregir la desviación desde un principio. Recuerda que en el trabajo sistémico no se trata de sentar juicios morales. Buscamos maneras de ayudar a las familias a volver a su equilibrio, de manera que las víctimas ¾ los hijos ¾ sean libres de vivir una vida sana que pueda colmarlos, y que puedan deshacerse de la presión sistémica de hacer a otros lo que ellos mismos vivieron. El equilibrio sistémico únicamente puede lograrse distinguiendo la parte de responsabilidad que cada uno tiene en la dinámica. Dado que el autor es, en la mayoría de los casos, un hombre, su responsabilidad es evidente. Lo que, por regla general, no está tan claro es la parte que corresponde a la mujer. Por tanto, muchas veces miro primero en esta dirección.    

 

Si para la hija también fue una experiencia de placer

Para algunos lo duro es lo que viene ahora: la chica puede admitir que también fue bonito y un placer, si realmente fue así. Ya que en este caso se convierte en algo común, el drama se acaba, y la herida deja de doler. Para algunas niñas la experiencia es de placer. Sin embargo, no pueden fiarse de esta percepción, ya que la conciencia les dice que es mala. En un caso así, necesitan que se les asegure su inocencia, aunque la vivencia haya sido excitante. La chica debe tener la posibilidad de  reconocer que, a pesar del reproche justificado contra los padres, también vivió el incesto como algo fascinante, ya que una niña se comporta de acuerdo con su condición como tal, sintiendo curiosidad y queriendo experimentar algo. Si no, lo sexual queda en un contexto terrible. Si se me permite decirlo de una manera algo frívola y provocativa: En este caso, la

experiencia en sí tan sólo se anticipa un poco. Si le digo esto a una niña, la alivio.

Mirjam: Entreveo que quizás haya también una pequeña mujer seductora, y encuentro sumamente importante decirle que es inocente.

Bert Hellinger: Sí, puede haber sido seductora, pero eso no debe ser ningún reproche.

Vera: A mí me causa una sensación ambigua que digas que a la niña también pueda causarle placer. Hace justo una semana, en la clínica vimos una película en la que las niñas relataban de manera totalmente distinta.

Bert Hellinger: ¡Pero Vera, si no te dan la verdad en una película! No debes partir de la base de que tu cliente haya experimentado lo mismo que las niñas de esa película.

Vera: Eso también lo sé. Me pregunto, sin embargo, si es bueno ponerse en el lado de los enterados, de los que saben que fue un placer.

Bert Hellinger: La niña puede admitir que también fue un placer, si realmente fue así, y en este caso el terapeuta puede comunicarle que sigue siendo inocente, incluso si aquello tuvo algo fascinante. Mira atentamente a la niña ¾ y escúchala. Así lo sabrás. No decidas sobre tu cliente basándote en lo que viste en una película o lo que leíste en un libro. ¡Si está totalmente claro que la culpa está con el adulto!  

            

El vínculo a través del incesto

Más tarde, Bert Hellinger explica extensamente que la primera consumación íntima del acto sexual establece una relación especialmente intensa, es decir que a través de esta experiencia sexual se crea un vínculo de la chica al autor. Más tarde, ella no puede tener ninguna pareja nueva sin reconocer a la primera. A raíz de la persecución y del desprecio, muchas veces no encuentra otra pareja nueva. En cambio, reconociendo este primer vínculo, esta primera experiencia, tiene la posibilidad de integrarlos en una relación nueva, donde quedan guardados. Tal como se propaga ahora, es decir, que la experiencia tan sólo es nociva y tendrá consecuencias pésimas, va en contra de la solución y únicamente perjudica a las víctimas.  

 

El lugar del terapeuta

Desde el punto de vista sistémico, el o la terapeuta siempre procura aliarse con aquél que aparece como el malo de la película. En ese momento, al estar trabajando el asunto, tienen que darle al autor un lugar en su corazón. El mayor peligro es que el terapeuta participe en la campaña contra el padre, por ser éste "tan depravado". También me pregunto: ¿de dónde proviene tal pasión, y por qué no es posible mirar las cosas tranquilamente? Tan sólo esa pasión ya hace sospechar. Aquí hay algo que no encaja, si no, no sería tan fuerte. Hay algo que se supervalora. Los terapeutas que se alían con las víctimas excluyen al autor del sistema, contribuyendo, de esta manera, a empeorar la situación. Esta es la consecuencia, y llega muy lejos.

            Contaré un ejemplo:

En un grupo de terapeutas, una psiquiatra, toda indignada, contó que tenía una cliente que había sido violada por su propio padre. Estaba realmente furiosa y consideraba al padre un sinvergüenza y un cerdo. Entonces le pedí que hiciera la constelación de ella misma con el sistema, y que ocupara su lugar como terapeuta en el sistema. Se puso al lado de la cliente, y todo el sistema se enojó con la terapeuta y no se fiaba más de ella. Después la puse al lado del padre, y todos se calmaron y tuvieron confianza.

Autores y víctimas están implicados, no se sabe cómo. En cuanto queda clara la implicación, se comprende todo. Entonces se abren posibilidades totalmente diferentes para tratar el asunto. Si trabajo con el autor, por ejemplo con un padre, naturalmente lo enfrento con su culpa, no cabe duda. Las víctimas, sin embargo, frecuentemente parten de la suposición errónea de que para ellas cambia algo si cargan con la culpa, o si aquél que aparece como malo es castigado. Sin embargo, una vez haya salido de la situación concreta, la víctima misma tiene la posibilidad de actuar en cualquier momento, independientemente de si al otro se le piden cuentas o no. Sin embargo, tiene que renunciar a la venganza.